Hernán Millas, el cronista que retrató a Chile

Elogiado por su “pluma prodigiosa”, su capacidad de humanizar y captar los más mínimos detalles, Hernán Millas fue uno de los grandes cronistas de su época. Eso le permitió recibir el Premio Nacional de Periodismo en 1985, pese a ser un reconocido opositor a la dictadura.

Nació el 5 de mayo de 1921 en una casa de calle Domeyko, en Santiago, y desde sus orígenes la vida de Hernán Emiliano Millas Correa estuvo ligada al quehacer periodístico. Su padre, Columbano Millas, trabajó en El Mercurio y fue director del diario La Unión de Punta Arenas, ciudad a la que se mudaron cuando él tan solo tenía nueve años. “De su padre aprendió la rigurosidad que involucra el oficio, lo llevaba en la sangre. Siempre lo ponía en práctica al momento de redactar”, comenta el periodista Eduardo Santa Cruz.

Su madre, Laura Correa, fue quien le brindó la delicadeza para aproximarse a las personas y la humanidad del retrato, esa misma habilidad que desarrolló con el tiempo y que le permitió desde narrar desde la humildad y sencillez del sacerdote Juan Bagá y su regreso a Chile; hasta forjar un fiel retrato de las atrocidades realizadas por Manuel Contreras mientras era instructor en la Escuela Militar.

Su vida en el sur de Chile transcurrió en la vieja casona de dos pisos donde vivían y, a su vez, se imprimía el diario. Ahí escuchaba los taconeos de su madre desde el segundo piso para que Columbano subiera y se diera cuenta de que “ya no eran horas de estar trabajando”. Este esfuerzo se veía diariamente en la casa de los Millas-Correa: “en la mañana, al irnos al colegio, en la mesa del comedor, acompañando el pan fresco, estaba el ejemplar del día”, recuerda el escritor de “Una loca historia de Chile”.

Millas se convirtió en periodista por oficio y todo lo que aprendió lo hizo a la usanza de su época: en la calle y en las salas de redacción. Si bien alguna vez pisó los pasillos de la Universidad de Chile, ello no fue con el afán de convertirse en reportero, sino con el de dedicarse a la abogacía, carrera de la cual desertaría después de dos años, en vista de la muerte de sus padres y la necesidad de salir a trabajar.

Impregnando cada idea y noticia con su sentido del humor y su estilo marcado por el sarcasmo, Millas llegó a ser director de la revista Topaze, además redactor de los diarios Clarín y La Época y en las revistas Ercilla y Hoy.

Su pluma no se encerró solamente al quehacer periodístico, sino que también exploró el amplio mundo de la narrativa: “Francotiradores del humor”, “Anatomía de un fracaso”, “Los Señores Censores” y “Una loca historia de Chile” son algunos de sus más reconocidos libros.

En su momento, también proyectó su voz a través de los micrófonos de la Radio Santiago, de la cual llegó a ser director durante la dictadura. Sin embargo, Hernán Millas confiesa que entre la radio y la prensa, prefiere esta última. “La radio es un medio que se enfoca, más que nada, a la entretención. El diario y las revistas son de un estilo más dedicado”, apunta.

La objetividad ante todo

“Él (Millas) era un gran admirador de Luis Hernández Parker y Lenka Franulic. Siempre defendía la objetividad enseñada por quienes fueron sus mentores. Lo anterior le permitió acceder a todos los entrevistados para armar sus notas, sabían que él hacía con responsabilidad su trabajo”, dice el periodista Abraham Santibáñez.

Millas conserva un sentido de la ética periodística muy marcado. Como reportero político iba frecuentemente al ex Congreso Nacional. Aunque gustaba de la política, siempre fue reacio a militar en algún partido. “Alguna vez le ofrecieron abanderarse por la Democracia Cristiana, pero se rehusó”, relata Ascanio Cavallo, ex editor general del diario La Época.

Millas de historias

El trabajo periodístico de Hernán Millas se inicia con su llegada a la revista Ercilla en los años ‘40. En ese lugar conoció y trabajó con quienes fueron sus mentores desde sus inicios: Lenka Franulic y Luis Hernández Parker. “Todas las grandes plumas que yo admiré estaban ahí. La elegancia de sus escritos y el respeto por el trabajo eran transmitidos en cada ápice de sus artículos”, recuerda Hernán Millas sentado en un sillón de su casa en Las Condes.

Sus trabajos son reconocidos por la humanización de sus escritos y el cuidado en los detalles. La periodista María Olivia Mönckeberg señala que su estilo se caracterizaba por las narraciones que, muchas veces, podían convertirse en verdaderos cuentos con un protagonista real. “Hernán tenía una característica que había aprendido muy bien en el oficio: retratar cada noticia con una sonrisa, humanizar a los personajes”, señala Abraham Santibáñez mientras, con sus dedos, dibuja la imagen de su colega tipiando en su vieja Remington.

 Una historia de amor

Durante sus primeros 40 años, Hernán Millas tuvo nueve hijos y 4 esposas. Le tomó casi la mitad de su vida, pero finalmente conoció a quien se transformaría en su mejor amiga y en el amor de su vida: Trinidad Melo. Las primeras salidas de la pareja fueron a un mirador ubicado en Lo Curro donde, de noche, podían ver la ciudad desde las alturas y conversar.

“Yo conocí a Hernán cuando tenía 20. Tenemos una diferencia de 22 años. Es más, yo tengo la misma edad que su hijo menor”, relata Trinidad Melo, su actual esposa.

Ha pasado el tiempo. A sus 94 años, Hernán Millas es cuidado por su esposa, quien lo atiende y le cocina su comida favorita: tallarines. “Si no lo conociera, yo diría que es italiano. Es más, Emilio Filippi le puso el Millazzi. Las masas son su debilidad.”, cuentaTrinidad Melo.

Sin embargo, su gran historia de amor no ha sido fácil. Trinidad no ve a su familia desde que se casaron, ya que nadie en ella aprobó la relación con el periodista. “Lo encontraban muy viejo, muy mujeriego”, relata Trinidad Melo.

Hernán Millas lleva la historia a cuestas. Conoció a la Reina de Inglaterra, a Chaplin y a las figuras más importantes del país. En todas esas ocasiones estuvo acompañado por Trinidad. “Gracias a Hernán pude estar presente en los momentos más importantes de este país como por ejemplo en los cambios de mando presidenciales en medio del Salón Plenario”, recuerda su esposa con un aire a nostalgia y gratitud.

En lo más alto

En su afán de decir la verdad, Hernán Millas fue detenido en 1973, tras anunciar por radio una noticia sobre la marcha de los mineros, a pesar de que La Moneda lo había prohibido.

A partir del régimen militar, Millas sintió un deber mayor con respecto al hecho de ser veraces en el trabajo. Por ello, rechazó la propuesta que le hizo el gobierno, para formar parte de su equipo de prensa. En lugar de eso, el apasionado periodista quedó a cargo de la famosa columna Semi-Serio, de la revista Hoy, donde caricaturizaba el acontecer de la política nacional.

En agosto de 1985 Hernán Millas recibió el Premio Nacional de Periodismo, a pesar de ser un conocido opositor a la dictadura. Su elección contó sólo con un voto en contra: el de Sergio Gaete, ministro de Educación de la época.

Desde el podio del Premio Nacional brindó una de sus mayores lecciones: “No hay que enamorarse del dato que reciben, ya que pueden estar equivocados o tener errores. Es muy importante investigar, porque el gran reportaje serio es aquel que no solo dice cosas, sino que además debe ser indesmentible’’.

Sobre los diarios de la actualidad piensa que “detrás de ellos hay una enorme empresa que busca conquistar lectores y avisadores, con grandes suplementos. Ideológicamente están contentos con el sistema, pero son híbridos”. Sin embargo, defiende la idea de que el periodismo actual está mejor y más potenciado que el de antaño.

Con los últimos años de la dictadura, Hernán Millas trabajó en el diario La Época. Ahí publicó sus aclamadas crónicas dominicales que le ayudaron a seguir manteniendo en pie, en palabras de Darío Saint Marie, su “prodigiosa pluma”. Su último trabajo periodístico fue en su querida Ercilla donde se encargó de su columna “La última página” de la publicación, abocada a temas de actualidad.

*Hernán Millas falleció el 20 de diciembre de 2016. Esta nota fue publicada originalmente en octubre de 2015 y re-editada en julio de 2020.