El Peneca: Los niños protagonistas en un mundo de adultos

En una agitada historia que fue testigo de grandes logros, pero también de períodos menos prósperos, este semanario infantil logró convertirse en la revista para niños y niñas más popular de Chile

¿Conoce el dicho “tiene más historias que Quintín”? Si la respuesta es sí, es probable que algún familiar o conocido suyo haya leído alguna vez la popular revista infantil El Peneca. Esta publicación  se encargó de entretener y educar a los niños a través de las diferentes aventuras que vivió su personaje más insigne, Quintín.

Había una vez…

Durante las primeras décadas del Siglo XX y gracias al surgimiento del periodismo moderno en Chile, se vivió un auge de la publicación de revistas. La mayoría era editada por Zig-Zag, cuyo dueño en ese entonces era el mismo de El Mercurio de Santiago, Agustín Edwards Mac-Clure.

Con ello, la edición de material destinado a un grupo específico de lectores no se hizo esperar y nacieron revistas dedicadas a diferentes nichos, como una para los más pequeños de la casa: El Peneca.

El Peneca representa la primera manifestación de la literatura dedicada a los niños y jóvenes que surgiría en nuestro país. Un semanario lleno de historias y aventuras que sus ávidos lectores esperaban con ansias descubrir cada sábado, durante 52 años comprendidos entre 1908 y 1960.

Primeros años

El Peneca nació en el año 1908 bajo el alero de la editorial con mayor renombre de la época, Zig-Zag, Durante sus primeros años fue dirigida por Enrique Blanchard y tenía un valor de 10 centavos.

Fue una fuente de educación y entretención para los niños. Su contenido principal eran las historietas, llamadas didascalias, que eran dibujos con el texto debajo de cada escena representada y cuyo propósito era divertir y entregar una moraleja a los niños derivada de los hechos expuestos. También incluía juegos de ingenio, notas científicas explicativas, folletines literarios y material escrito y enviado por los lectores de mayor edad, ya que la revista a pesar de ser destinada principalmente a los niños, incorporaba además temas de interés general e histórico.

Al comienzo la revista era totalmente en blanco negro, pero aún así llamaba la atención por su imagen, dibujo o fotografía a página completa.

(Los ejemplares de los primeros 14 años de El Peneca pueden consultarse en la Biblioteca Nacional Digital)

Breve decaída

El año 1911 significó un período oscuro para la revista. La circulación comenzó a disminuir porque se comenzó a cuestionar la calidad de su contenido. En vista de esto y para reflotar el semanario, la dirección de la revista cambió. El sacerdote Emilio Vaisse, quien firmaba bajo el seudónimo de Omer Emeth o “el que dice la verdad”, se haría cargo. Y con su llegada la revista decidió implementar secciones en las que el público participaba activamente enviando contenido para publicar en ella.

Una década más tarde y tras una nueva caída en su nivel de ventas, la revista debió reestructurarse para salir a flote, por lo que la conducción fue tomada por Elvira de Rosas (de seudónimo Roxane), dando paso a la época dorada de la revista, en la década de 1940. Basta leer cualquier edición de esos años para percatarse del buen momento que gozaba la publicación. La primera característica de este Peneca, ya a color, es su portada: una caricatura a tapa completa, diferente en cada una de sus ediciones

El Peneca se caracterizó por la versatilidad de sus dibujantes, en especial uno que formó parte de esta época dorada: Coré, quien diseñara gran parte de las caricaturas y significara una fuerte influencia para dibujantes posteriores.

Durante esta década, El Peneca constaba de 17 páginas. En las primeras tres páginas se ubica una historieta que culmina en las últimas páginas de cada edición. Este ejercicio de contar las historias entrecortadas fue un recurso ampliamente utilizado por el semanario, algo a lo que se le puede atribuir su éxito, ya que semana a semana jugaba con la expectación de los más pequeños.

El resto de la revista es historia. Literalmente historia, porque de entre sus páginas emergen casi únicamente fábulas, cuentos, historietas, entre otras. Las cifras evidencian este éxito: Más de 200.000 ejemplares semanales en circulación, los cuales llegaban a cruzar las fronteras hacia otros países latinoamericanos, en especial Perú y Venezuela.

Cierre y legado

Luego de una fuerte caída en las ventas durante la década de 1950, precipitada por la distribución de revistas anglosajonas traducidas al español y por la muerte de Coré y Roxanne, el Peneca apagó sus motores en el año 1960. Volvería por un corto período entre 1971 y 1972, pero al ver nuevamente números rojos, culminó definitivamente.

Este semanario resultó ser la primera revista en Chile que tuvo como público a los más pequeños del hogar. Un puntapié inicial para la posterior masificación del género con revistas como Mampato y Condorito. Su importancia ha sido reconocida por personajes como Mario Vargas Llosa, quien declaró que aprendió a leer con El Peneca, hasta Gabriela Mistral, cuyas primeras obras fueron publicadas en la revista.

El término de El Peneca, lejos de representar el fin de una historia, se puede clasificar como la mayor parte de las historias que entre sus páginas tuvieron cabida: …continuará, ya que su legado, contrario a desaparecer, aún palpita.

*Esta nota fue publicada en 2015 y modificada en enero de 2020.