Delia Vergara, ícono del periodismo femenino en Chile

Fue parte de las primeras generaciones de periodistas profesionales y dejó una huella en los medios chilenos tras fundar la revista Paula, a la que impuso un marcado sello feminista, y luego el Diario de Cooperativa, clave durante la dictadura.

En una época en que todavía rompía esquemas que una mujer quisiera ser una profesional independiente, Delia Vergara Larraín fue parte de las primeras generaciones de periodismo de la Universidad de Chile y a los 24 años ya había terminado un magíster en Comunicaciones en la Universidad de Columbia, Nueva York.

En 1965 se mudó a Ginebra, Suiza, donde vivía cuando recibió una carta que definiría su carrera de ahí en adelante. Roberto Edwards, fotógrafo y dueño de la editorial Lord Cochrane, le pedía que asumiera la dirección de un nuevo proyecto periodístico en Chile “Compré unas máquinas para imprimir en colores y en couché, empecé a hacer revistas y quiero hacer una revista femenina. Pensé en ti para dirigirla. Contéstame pronto.” El mensaje era así de corto y poco exigente. Delia le contestó de inmediato que sí, con una sola condición: que ella elegía el equipo y la línea editorial. Edwards accedió a todo. La carta la guarda como un tesoro hasta el día de hoy.

Al recibir la propuesta de Roberto Edwards, cuyo hermano Agustín era el dueño del diario El Mercurio, Vergara comenzó a preparar lo que sería su gran proyecto editorial. Comenzó comparando el periodismo chileno con el europeo y llegó a la conclusión de que el nacional era muy básico y que le faltaban nuevos aires, algo innovador. Es por esto que su primera idea para la revista Paula fue hacer de esta un medio moderno.

Mientras seguía viviendo en Europa estudió todas las revistas de mujeres y se dio cuenta de que hablaban de los problemas de las mujeres reales, mostraban moda “ponible”. En general facilitaban la vida de las mujeres, hacían buen periodismo, además de ser bellas, con buenas fotos, buen diseño y diagramación. Esta fue su inspiración para la creación de Paula.

Diseñó la revista completa, con todas sus secciones, mientras seguía en Ginebra. Quería poner el énfasis en hacer buen periodismo y en servir a las mujeres.

Al volver a Chile, a finales de 1966, eligió a un equipo de periodistas afines, todas egresadas de la Universidad de Chile y a Isabel Allende, quien no estudió en la universidad, pero cuya genialidad conocía a través su madre, casada con el embajador de Chile en Ginebra.

Las mujeres que formaron el equipo fundador de Paula eran casadas, con hijos pequeños y se volvieron muy amigas. A poco andar empezaron para todas los problemas del doble trabajo, la poca participación de los maridos en la crianza y las labores del hogar y el impacto que fue para ellos el tremendo éxito que tuvieron sus esposas. Se convirtieron en feministas, pero unas bastante convencionales.

La revista, en cambio, era transgresora para esos años, relevando la importancia de la independencia de la mujer y exponiendo temas que hasta entonces habían permanecido en el ámbito de lo privado, muchos de ellos relacionados con la sexualidad.

Cuando la situación política chilena se polarizó en el año 1972, un grupo de mujeres conservadoras se ensañó con la revista y comenzaron a mandar cientos de cartas diciendo que eran inmorales y comunistas.

El golpe de Estado echó el proyecto de Paula abajo.  Roberto Edwards le repetía a Delia Vergara una y otra vez: “yo no quiero más revoluciones, yo quiero una revista femenina, no una revista feminista”. Ella lo entendía, pero no estaba dispuesta a cambiar su línea editorial.  Con el tiempo su presión se fue haciendo más fuerte. Hasta que un buen día, a fines de 1974, con lágrimas en los ojos, él la despidió.

De ahí para adelante, la revista cambió para siempre y se convirtió en una revista femenina más tradicional, aunque con el regreso a la democracia volvió a destacarse por sus temas transgresores. Sus pautas tenían una mezcla de tendencias, moda, cocina y periodismo en profundidad de calidad, pero sus ventas comenzaron a bajar a tal punto que tuvieron que empezar a regalarla con El Mercurio. Luego Edwards la vendió a Copesa, que comenzó a repartirla junto a La Tercera.

“No me gusta la Paula actual. Si bien ha conservado el buen periodismo que siempre la caracterizó y que yo le imprimí desde el primer número, ahora se ha convertido en una revista elitista, demasiado comercial, difícil que la mayoría de las mujeres se puedan identificar con ella”, confiesa Delia Vergara.

Su carrera no se quedó en Paula y logró marcar otros hitos en el periodismo chileno. Fundó el Diario de Cooperativa, que durante la dictadura fue clave en entregar a los chilenos información independiente, pese a la censura existente.

En 1990 lanzó “Encuentros con Lola Hoffmann”, una serie de entrevistas a la fisióloga, psiquiatra y guía del crecimiento interior, a quien considera su maestra. Aunque es su único libro, rápidamente se transformó en un clásico en su ámbito.

En el año 2009 fue propuesta para el premio Nacional de Periodismo, sus pares, ex directoras de Paula como: Milena Vodanovic Johnson, Alexandra Edwards Bomchil, Andrea Eluchans, Paula Recart, Cecilia Eluchans y Constanza Vergara. Enviaron una carta definiéndola en que la definieron como visionaria y pionera: “Visionara para intuir las transformaciones a que fue enfrentándose la sociedad chilena durante la segunda mitad del siglo XX. Y pionera al ser capaz de fundar nuevos medios de comunicación que reflejaran estos cambios, dando espacio a las voces emergentes que dichos procesos pusieron en escena”

Actualmente, Delia Vergara está jubilada, viaja constantemente a su región natal, Valparaíso, donde le gusta descansar y vivir lo que ella define como un viaje interior. Le gusta mantener su vida privada, familiar y privada en la intimidad. Concede pocas entrevistas y cuando lo hace suele responder por correo electrónico, tal como lo hizo para este perfil.

*Este artículo fue publicado en 2015 y re-editado en abril de 2020.