La sátira política, ¿excesivo sesgo doctrinario o libertad de expresión?


01/01/1827

Poco tiempo después de la Independencia de Chile, el país estaba sumergido en una lucha constante por la toma del poder. Un método común de control y dispersión de ideologías era la publicación de periódicos temporales inundado de juicios de valor que separaban las dos tendencias políticas predominantes: Conservadores y liberales.

 Por: P. Bañados y M. Bustamante

Un recurso que se utilizó en estas guerras de partidos políticos fue el humor. La sátira política alcanzó la máxima popularidad durante la difusión del periódico “El Hambriento”, que representó la doctrina conservadora y “El canalla” representado por los disidentes liberales. La sátira política introdujo un modelo innovador dentro de la prensa doctrinaria, ya que por primera vez se otorgó humor a la lucha ideológica entre pipiolos y pelucones. A pesar de que la publicación de estos ejemplares era esporádica y de corta extensión, bastó para enardecer los ánimos dentro de los partidos de la elite. Los continuos ataques entre estos dos bandos eran publicados en periódicos de máximo cuatro hojas, abundantes en refranes populares y en uso de lenguaje coloquial, que no dejaban indiferentes a los políticos de la época. “El hambriento”, fundado en 1827 en manos de Diego Portales, fue pionero en liderar los ataques hacia los liberales. A su vez, los pipiolos no demoraron en contestar con la publicación de “El Canalla” fundado por Santiago Muñoz Bonilla en 1828.

 Una burla a los pipiolos

El Hambriento era dueño de un lenguaje irónico y locuaz. Solía referirse a los ministros y políticos liberales, quienes representaban el mayor peligro para el grupo conservador y estanquero al que perteneció Diego Portales. La Alusión a los pipiolos como unos muertos de hambre dio origen al nombre del periódico, un explícito menosprecio hacia los liberales. El cerebro y financista de esta publicación fue el grupo conservador, quienes trabajaban en conjunto con la imprenta R. Rengifo para la difusión del texto. El Hambriento no salía a la venta un día específico e incluso quienes quisieran adquirirlo debían buscarlo o esperarlo, ya que dentro del mismo diario se especificaba “Aparecerá algún día de la semana”.

Dentro del periódico, llama la atención la variedad de secciones que hay en tan sólo cuatro páginas, dentro de las que destacaban; el “Prospecto”, “Observaciones meteorológicas” y las adivinanzas, además de poemas incluidos en la contraportada. A pesar de la existencia de estas secciones, jamás se dejaba de lado la burla, donde el prototipo de pipiolo inexperto y malvado era el tema principal de constante ataque.

La narración de los textos era en primera persona y su objetivo, según El Hambriento, era decir la verdad, bajo la premisa: “Hablar claro, clarito y muy clarito, caiga donde cayere, duélale a quién le doliere y pésele a quien le pesare”

Otro comunicado que emitía el diario El Hambriento a su enemigo público, El Canalla, era la defensa continua del bando perteneciente a Portales, los Estanqueros. Aprovechaban la publicación semanal para aclarar cada delito que les fuese imputado, casos que referían al estanco de distintas especies. “D. Santiago Muñoz Bonilla editor Del CANALLA, me ha hecho muchas imputaciones criminales como asocio de la compañía de estanco: le he provocado a una prueba de cualquiera de esos crímenes hallándole las dificultades que pudieran estorbárselas, y se ha negado a rendirlas, porque no teniendo alguna con que justificar a sus asertos imaginarios y del todo falsos, sólo ha sido intención sorprender a los irreflexivos e introducir odio y desordenes de que espera sacar ventaja”

Contraataque liberal

La respuesta del bando pipiolo no tardó en llegar. Meses más tardes, los detractores de los Estanqueros, y en especial de la figura de Portales, fundador del periódico “El canalla”, nombre en honor al estanquero dueño del monopolio del tabaco, licor y té, uno de los líderes del partido Conservador. La imprenta a cargo de la publicación del diario estaba en manos de N. Ambrosy y C.a por E. Molinare, quienes posteriormente estuvieron a cargo de la publicación de la constitución de 1933.

La sección típica en el diario El Canalla era la polémica y el Hambriento, donde respondía públicamente a los ataques recibidos por los conservadores. Llama la atención el lenguaje violento que utilizaban pata atacar a los pelucones y defender el liberalismo. Una de las primeras respuestas que emitió El Canallas se debió a un cuento que publicó el Hambriento donde aludía a los fantasmas del futuro con los liberales, ante lo que respondieron así:

“No, no por Dios mi querido Hambriento: Déjese de travesuras, y no me cuente más cosas de muertos, guarde eso de pliegues y follajes para mejor tiempo, y hay tales pelucas de ala de pichón porque gracias al cielo hay tales y tan buenos entre mis camaradas. ¡Ah que no sabe el Hambriento cuántos sustasos he tenido que mamarme con sus pasages de ánimas! Con que todavía me estoy santiguando, creyendo que viene a agarrarme uno de esos diablos cojuelos que hace aparecer en su maldito embrollo”   

Además de las contestaciones a las cuales prestaron gran énfasis, todas y cada una de las publicaciones que hacía El Canalla eran dirigidas a los pelucones, ya que incluían historias, canciones, poemas y sonetos, donde les atribuían como mayor cualidad el ser ladrones y amantes del poder: “agarra, pilla y roba”.

Consecuencias políticas

Las continuas publicaciones por parte de ambos bandos se vieron reflejadas en la figura de Diego Portales, quién fue favorecido como político, ya que si bien nunca llegó a gobernar el país, sí logró mantener el orden en un período de anarquía donde se le respetó como líder autoritario, bajo el título de ministro. Como tal puso especial énfasis en el orden, con una serie de medidas represivas.

Por otra parte la guerra civil de 1829 pudo ser apresurada por esta constante presión pública que ejercía la prensa, lo que concluyó con la revolución conservadora liderada por Portales.

Auge de la libertad de Expresión

El Reino español fue el principal encargado de ejecutar la censura en los textos que se difundían bajo sus dominios monárquicos, la entidad encargada de esta reprimenda fue el Santo Oficio de la Inquisición. En el caso Particular de Chile el proceso de la independencia aceleró la derogación de esa censura extrema, ya que en la ley de imprenta de imprenta se pudo especificar la libertad de expresión en todo ámbito, excepto en el religioso, lo que permitió la difusión de ideas libertarias como también de roces dentro de la elite.

Es preciso recalcar que a pesar de las burlas existentes dentro de las sátiras publicadas en estos dos periódicos, existía un reflejo de la realidad política de aquel momento, ya que la prensa escrita era el único tipo de extensión de la plaza pública, lo cual dejo en evidencia las distintas visiones políticas que acontecían en ese entonces.

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