El Gráfico entrevista a Sergio “El Sapo” Livingstone


01/05/2009

Una de las últimas entrevistas a Sergio Livingstone. En ella el ex jugador y comunicador declara a El Gráfico ser el mejor arquero chileno de la historia. 

Por Luis Urrutia O’Nell, revista El Gráfico Chile Nº4.386, mayo 2009

Dejó de jugar profesionalmente hace cincuenta años, pero nunca se fue. Como arquero, comentarista, espectador, el Sapo es una de las voces más respetadas en todo el mundo para hablar de fútbol.

El cabello y el bigote canosos hacen las delicias de un caricaturista. Camina lento Sergio Livingstone, tiene cinco bypass en el corazón y la apostura de arquero no lo abandona a los 89 años cumplidos el último 26 de marzo. Cuando era futbolista estuvo enyesado en cinco oportunidades en las manos y los tobillos. Al estirar los pulgares e índices frente a frente no puede hacer un rombo debido a una secuela en el pulgar derecho. Fue operado dos veces del codo izquierdo y una del derecho, y dos de la rodilla derecha. Jugó 22 temporadas. Si volviera a nacer, elegiría ser jugador nuevamente.

-¿Cómo partió todo?

-Yo estudiaba en el colegio San Ignacio en la calle Alonso Ovalle. Me gustaba jugar al arco y también practicaba básquetbol y atletismo: en salto alto gané en la categoría intermedia con 1,58 metro. Una tarde fuimos a jugar al Instituto Inglés, que quedaba en Macul, donde estuvo después el Pedagógico. El Instituto Inglés era un colegio atípico, como el Manuel de Salas, y tenía profesor de baile y de fútbol. Este era Luis Tirado, quien me invitó a jugar en Unión Española. No me interesó, pero después me llevaron a tomar té a la confitería Hucke, en Ahumada antes de llegar a la Plaza de Armas, y ahí me convencieron con una once riquísima. Yo estaba internado y pasaba castigado porque era muy inquieto; en ese entonces era más importante la conducta que el rendimiento escolar…

-¿Cuándo pasa de Unión Española a la Universidad Católica?

-Al entrar a estudiar Leyes a la Universidad Católica, en la casa central de la Alameda, me conseguí el pase de Unión Española porque pololeaba con la hija del presidente, Carlos Otto, quien accedió a cambio de utilizar el gimnasio de la universidad dos veces a la semana. Universidad de Chile había ascendido a Primera División porque se ganó el derecho en 1938 y Universidad Católica postuló y entró por la ventana, por gracia, en 1939.

Livingstone debutó en Segunda División en un clásico universitario que ganó la UC 3-2 el 8 de octubre de 1938 en el estadio Santa Laura. Su estreno en Primera fue ante Santiago Morning y los cruzados fueron goleados 8-2 el 16 de abril de 1939, también en la Plaza Chacabuco. “Raúl Toro me convirtió cuatro goles”.

-¿Recuerda cuando actuó con el argentino Alejandro Scopelli en un combinado universitario en el estadio Carabineros?

-Fue ante Montevideo Wanderers de Uruguay y venía Obdulio Varela. Su camiseta era rayada, negro con blanco. El estadio de Carabineros se hallaba en Mapocho, donde luego estuvo el canódromo, en Cumming con Balmaceda. Ahora eso es el Parque de los Reyes… Universidad Católica era dueño del sitio donde se hallaba el estadio Campos de Sports de Ñuñoa, con graderías de madera en la calle José Domingo Cañas. Para construir el Estadio Nacional, hicieron la calle y partieron la cancha, que estaba orientada de oriente a poniente. En la mitad que quedó, la UC hizo una cancha de norte a sur. Allí entrenábamos y teníamos un tarro con hoyos, calentábamos agua y nos duchábamos a la carrera…

-Su vinculación con el deporte es herencia de su padre…

-Mi padre organizaba espectáculos deportivos: boxeo y equitación. Eduardo Yáñez y Montecinos venían de actuar en Estados Unidos y era relumbrantes… Vi las dos peleas que Fernandito (Antonio Fernández) le ganó al Tani (Estanislao) Loayza. La primera (17 de septiembre de 1931) fue por puntos en el Estadio Nacional, que quedaba en Pío Nono con Santa María, donde ahora está la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. La segunda (6 de diciembre de 1931), en los Campos de Sports de Ñuñoa, fue una paliza y lo tiró a la lona. Allí se disputó ante 15 mil personas el Sudamericano de 1926, donde el goleador fue David Arellano, con siete tantos, y mi padre arbitró un partido.

Sergio Livignstone

La pose clásica de Livingstone para atrapar el balón. Esta maniobra le valió el apodo del “Sapo”, el que nunca le gustó demasiado.

-¿Quién fue su ídolo?

-El peruano Juan Valdivieso, de Alianza- Lima, un arquero maravilloso en 1937. Para el Sudamericano de 1941, él era suplente. También me impresionó el argentino Ezequiel Aranda, de Vélez Sarsfield, que venía seguido porque contaba con Chincolito Iván Mayo. Aranda vino de refuerzo, él jugaba en Quilmes y luego en Lanús. Después no pasó a mayores, pero saltaba igual que yo. Otros arqueros: Sebastián Gualco (Platense, San Lorenzo de Almagro, Chacarita Juniors, Ferro Carril Oeste, Huracán), Gabriel Ogando (Estudiantes de La Plata). Todos los arqueros atajan y todos quieren volar. La diferencia es el que juega bien. Jugar bien consiste en manejar la defensa, actuar adelantado, dominar el área y utilizar más las piernas que las manos. La agilidad depende de las piernas. Amadeo Carrizo dirigía el área y le pegaba muy bien a la pelota. También Lev Yashin, la Araña Negra.

La pose clásica de Livingstone para atrapar el balón. Esta maniobra le valió el apodo del “Sapo”, el que nunca le gustó demasiado.

-¿Su vida en Buenos Aires cuando se fue a Racing?

-Vivía en una pensión en Suipacha 463, cerca de Corrientes. Mi compañero era Severino Varela, el uruguayo que había estado en Peñarol y usaba una boina blanca. Con la transferencia, me compré un sitio en El Golf, lo pasaba muy bien en Buenos Aires, cada mes ordenaba un traje en una sastrería. Ningún jugador de aquella época hizo fortuna, no existía Europa porque se hallaba en guerra, y el único que tenía auto en Racing era el Chueco Enrique García.

-Época de grandes jugadores…

-El mejor era José Manuel Moreno, que en 1949 vino a Chile y sacó campeón a Universidad Católica. Moreno era completo, organizaba, hacía goles, cabeceaba, tenía temperamento… Una noche en México se peleó con Kid Azteca (Luis Villanueva Paramo), quien era boxeador profesional. “Nos fuimos una y una”, me contó.

-¿Los principales cañoneros?

-Antes había pateadores terribles con la pelota pesada, no con la actual donde todos le pegan fuerte. En Argentina, Payo (Manuel) Pelegrina (Estudiantes de La Plata); Bernabé Ferreyra (River Plate); Agustín Cosso (Vélez Sarsfield); Herminio Masantonio (Huracán), Luis María Rongo (River Plate) y Evaristo Barrera (Racing). En Chile, Gurrieri (Santiago National Juventus), Carlos Ataglich (Badminton), Carlos Giudice (Audax Italiano), Alfonso Domínguez (Colo Colo), Perico Pedro Sáez (Universidad Católica), el Tigre Enrique Sorrel (Colo Colo) y Cañón Víctor Alonso (Universidad de Chile)…

-¿Su romance con Mirtha Legrand?

-Es un mito. Es más, no la conozco. Se le ocurrió a Pedro Fornazzari cuando era jefe de deportes de un diario y puso una fotografía con el rostro Mirtha atrapado entre mis manos… Una vez el humorista “Monicaco”, Luis Rojas Müller, me transmitió la queja de Mirtha… En otra ocasión, me hallaba cenando en el Pollo Dorado y me pasaron una tarjeta que decía: “Quiero conversar con usted”. Se trataba de un ex novio de Mirtha, a quien le conté la verdad. La barra de Universidad de Chile me cantaba que me fuera “a la misma Mirtha…”

 – ¿Otro mito?

-Que yo era cachiporra, cachetón. Me laceraba el alma ese tipo de críticas. Si cortaba un centro con una mano era porque me nacía hacerlo. Igual que la faja, rodear la cintura con la pelota y sacarla por el otro lado. También es una invención que más de una vez me robaron el balón o se me cayó y me anotaron el gol. Mentira.

-La Copa del Mundo Brasil 1950…

-Fuimos de casualidad porque Argentina no quiso participar en la eliminatoria. Con Bolivia perdimos 2-0 en La Paz y amenazaron con una pistola a nuestro entrenador Francisco Platko. En Santiago, les hicimos 5-0 y Platko quería humillarlos poniendo al arquero suplente, el Nano Fernández, de centrodelantero. Los dirigentes se opusieron… En el Mundial perdimos 2-0 con Inglaterra y con España. Nada que decir, eran mejores. Después goleamos 5-2 a Estados Unidos…

-¿El mejor gol que le hicieron?

-El paraguayo Manuel Lugo en la cancha mojada de Libertad, por las eliminatorias para el Mundial de Suiza. Cruzaron la pelota de lado a lado y él conectó de volea desde la derecha. El balón pegó en un palo, pasó detrás de mí, dio en el otro poste y se metió… Nos ganaron 4-2 en Asunción (14 de febrero de 1954) y 3-1 en Santiago (21 de febrero de 1954). En el Estadio Nacional, los jugadores paraguayos me levantaron en andas…

-Carlos Dittborn pensó en usted antes que en Fernando Riera para el proceso del Mundial de 1962.

-Los dos insistían en que hiciera el curso de entrenador. “Por ningún motivo”, les contesté. “Conozco a los jugadores. Los conozco demasiado”. Cuando nos concentrábamos en la Escuela de Carabineros, le decíamos al entrenador que íbamos a bajar la comida dando una vuelta a la cancha. En el medio de ella había una reja, por avenida Antonio Varas, y por allí entraban las botellas. Se sentaban a lo indio y bebían. Había jugadores muy curados… Los jugadores provenían de una extracción muy humilde… Cuando llovía, entrenábamos en un gimnasio y luego de un par de vueltas, el entrenador Hugo Tassara le ordenaba al Mono Rogelio Núñez que se subiera a abrir las ventanas, porque el hálito alcohólico se hacía insoportable…

-¿Era amigo de Julio Martínez?

-Sólo amigo de café, de compartir una mesa, nunca fui amigo íntimo. Era difícil trabajar en equipo con Julio Martínez. Él era muy individualista y el poeta de lo obvio. Leía las cartas de los bomberos, de los deportistas, de los rotarios… y así hizo su popularidad. En los programas de radio, llegaba 20 minutos atrasado y saludaba al aire. Otras veces, decía su comentario y se retiraba sin escuchar el de sus compañeros…

-¿Por qué los arqueros vuelan con mano cambiada?

-Porque utilizan la mano que más dominan. Los derechos la usan hacia su izquierda y los zurdos hacia su derecha. Es algo instintivo. Eso es todo.

-¿Qué arqueros chilenos destaca?

-Escuti me encantaba, Rojas también, el actual, Claudio Bravo, es muy bueno.

-¿Se siente el mejor arquero chileno de la historia?

-Yo digo: jugué 22 años y 18 en la selección, en Argentina cuando había puras estrellas, fui capitán de todos los equipos donde estuve, creo que soy el mejor.

-¿Y si Roberto Rojas no se corta en el Maracaná?

-Me embarra, si el Cóndor no destruye su carrera como lo hizo, él es el mejor y me embarra bien embarrada mi carrera…

– ¿Cuál era su receta en los penales?
-Me paraba más cerca de un poste, nunca en el centro del arco, en tensión, listo para arrojarme sobre el otro palo. La tentación era muy grande para el pateador… En televisión lo que más les critico a los arqueros es que no esperen, que no permanezcan en su puesto hasta que el ejecutante dispare…

-Dos veces he publicado una fotografía donde usted aparece tirándose antes en un penal…

-¡Imposible! ¡Esa fotografía no existe! (observa el archivo digital del diario El Pingüino, de Punta Arenas) ¿De dónde sacó esta fotografía? No la recordaba para nada… Me mató la ilusión… Esto confirma que uno no debe sentenciar. Me arruinó el día… ¿Qué voy a decir ahora? Esta no se la voy a perdonar, no señor…

Al día siguiente, en una conversación telefónica, el Sapo seguía rezongando. “Puchas que estoy amargado con esa fotografía…”.

“Los dirigentes le pidieron al Presidente de la República que me hiciera entrega de un recuerdo en mi partido de despedida, pero Jorge Alessandro Rodríguez contestó que eso le correspondía al ministro de Defensa, de quien dependía el deporte. Al final, se acercó mi hijo mayor, Sergio, al que estoy abrazando. Esa noche el dúo Sonia y Miriam me dedicó la Canción del Adiós. Fue la única vez que lloré en una cancha. Yo pololeé con Sonia, la Única, y Fernando Riera con Miriam… Hubo un clásico, Recuerdos de Cocoliche, y después por primera vez Chile le ganó a Argentina (4-2, el 18 de noviembre de 1959 y Livingstone jugó simbólicamente algunos minutos para ser reemplazado por Raúl Coloma)”. Atrás aparecen, de izquierda a derecha, Leonel Sánchez, Bernardo Bello, Armando Tobar, René Meléndez, Raúl Sánchez, Sergio Navarro y Hernán Rodríguez. Arriba: su Premio a la Trayectoria Deportiva, otorgado por El Gráfico Chile en 2006.


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