El “The Clinic” del siglo XIX


23/07/1867

Creatividad, pluma, crítica y arte, fueron las características que lo convirtieron en un diario disonante en la época. En plena vigencia de la censura y las grandes sanciones al periodismo opositor. “La Linterna del Diablo” se atrevió a salir de los esquemas, instalándose como un precursor de la prensa libre y rebelde que conocemos hoy.

Por Valentina Muñoz

Al igual que el reportaje, la columna o la nota, la sátira es un género del periodismo. A través de ilustraciones, emplea crítica política y mensaje social. Actualmente se le asocia a grandes medios como el diario The Clinic, pero sus inicios se remontan al comienzo de la República. Las primeras y pequeñas manifestaciones fueron pasquines y volantes callejeros durante la Patria Vieja. Posterior a eso, medios más establecidos como La Linterna Mágica fueron desarrollando un estilo más saleroso e ingenioso para manifestar debate en torno a la vida política chilena. Eso sí, podríamos decir que esta tendencia comenzó a desarrollarse años antes y evolucionó hasta ser sátira explícita en 1867, tal cual la conocemos hoy.

Un emblemático periódico con tono doctrinario fue El Amigo del Pueblo, fundado por el intelectual Eusebio Lillo en 1850 producto de la Sociedad de la Igualdad. Fue considerado, de hecho, el emblema de ese movimiento, cuyos dirigentes buscaban difundir sus ideas ilustradas en el periodo de los gobiernos conservadores “para que el pueblo se rehabilite de veinte años de atraso y tinieblas”, según Lillo. El Amigo del Pueblo marcó una rebeldía de prensa extraordinaria para el período, sin embargo se alejó de la sátira en el sentido ilustrador de ésta.

Años más tarde, un periódico -pionero de este género- aprovecharía la llegada de máquinas para imprenta más sofisticadas para publicar imágenes. La Linterna del Diablo, dirigido por Fanor Velasco, sería un hito en la prensa chilena al traer un nuevo estilo literario y creativo, para organizar sus cuerpos y contenidos. Fue lanzado el 23 de agosto de 1867.

Se estructuraba en textos e incluía páginas completas de dibujos, expresados en tonos burlescos y referidos a autoridades políticas, navales e incluso religiosas. Su portada ilustraba un diablo apuntando con un candelabro a cuatro individuos de apariencia aristocrática que huyen de éste en medio de un bosque.

En su primera edición, el prólogo advierte el rebelde tono que revolucionará la prensa criolla “He ahí que se muestra por primera vez la anunciada Linterna; aunque no en manos mui limpias i seguras, i sin padres conocidos, pero si, dispuesta a atravesar lo más alegremente que sea posible el corto período de vida que se concede a los que representan a reírse del respetable público: no porque el respetable público sea hostil a tan placenteros visitantes, sino por la constitución poco robusta de que suelen disfrutar los que se dedican a tan adorable tarea”, dice con un español antiguo.

Las primeras oraciones son clara alusión al carácter no aristocrático de sus redactores y, por ende del periódico. De hecho, el director del periódico, Fanor Velasco, fue un hombre de letras y extravagantes manuscritos, que no pudo terminar sus estudios por problemas económicos. Fue así cómo cambió el Derecho por el Periodismo: Fue redactor de los diarios “La República” y “El Ferrocarril”. Posteriormente adoptó el pseudónimo Juan Lama para satirizar las páginas de “La Linterna del Diablo”, de “La Campana” y del “Chirivari”, en las que se burló de distintas figuras públicas. Una de sus víctimas fue Benjamín Vicuña Mackenna, quien lo demandó.

El prólogo advierte, además, la poca duración que seguramente tendrá éste debido a la represión del reciente período autoritario y su Constitución vigente, la cual instauró la llamada Regla General de 1833. Esta última validaba la denuncia, la censura y además fue extendida en 1846, siendo sumadas las sanciones como multa, prisión y exilio en estos casos últimos.

Se entiende entonces que La Linterna del Diablo era un diario valiente, más aún por reconocerse a sí mismo sin escrúpulos como una amenaza y objeto de sanción. Lanzada en la primera década tras un largo período autoritario, podría interpretarse como una expresión evidente de la entrada de un nuevo Gobierno: se trataba de José Joaquín Pérez, quien ganó como candidato de la primera coalición política chilena. Esta se llamó Fusión Liberal-Conservadora y se alejó del autoritarismo imperante.

 Las predicciones del diario en cuanto a su duración fueron incorrectas. Sus publicaciones se extendieron por casi una década, hasta 1876. En la administración de Pérez surgió un fuerte espíritu de independencia en corrientes políticas más alternativas y la libertad de prensa fue desatada paulatinamente, situación que el Presidente no estorbó. El contexto era idóneo, entonces, para que la prensa satírica comenzara a desarrollarse en manifestaciones más concretas. Paralelo a la Linterna del Diablo, El Charivari fue otro medio, que incluyó cómics de este carácter. Alcanzó 126 números en tres cortos años de existencia.

El historiador Ricardo Donoso, escribió en 1950 un libro sobre el tema titulado “La sátira política en Chile”. En él, explica que esta “quedó desde entonces incorporada en nuestros anales periodísticos y literarios y el ejemplo de la tolerancia dado por el presidente Pérez será imitado por sus sucesores. Con el desarrollo de la cultura, la prensa satírica constituyó desde los días de la administración del señor Pérez un factor no despreciable en la lucha de los partidos e introdujo una vereda manifestación de tolerancia y convivencia políticas. De aquí el interés que sus páginas ofrecen el historiador. El escritor satírico capta con agudeza las flaquezas y debilidades de los hombres públicos, las exhibe con crudeza o con viva intención crítica y nos deja un testimonio utilísimo como expresión del sentimiento de los contemporáneos”.

La sátira fue descrita por el medio chileno antes de existir una  convención de esta. Entre sus páginas se lee: “En toda la creación el único animal que sabe i puede reírse es el hombre. Esta es una de las conclusiones científicas que ha deducido la Linterna de sus ondas observaciones. Luego nos hemos dicho: – ¿que cosa mas decente i humana que reir i poner los medios para que se repita lo más a menudo ese especial movimiento de nuestra cara racional?”

En una de sus páginas por ejemplo, son representados el “Comandante Jeneral de Marina” y el “Ministro de Marina” tratando de identificar la proa en un bote ordinario. Tras argumentos basados en experiencias literarias, concluyen en consultar a Recopilación.

En Este sarcástico medio, el contenido no se burla sólo de “la Farándula” de la época, sino que además ilustra a su mismo equipo en un pequeño espacio llamado “Mesa de Redacción” con burros sentados alrededor de una mesa redonda.

Además de dibujos y textos normales, los diálogos de ficción también son característicos en el contenido del diario. Uno de ellos se titula “Lo que piensa la Prensa de la Linterna”. Cuyos personajes son ciertos medios de la época. “Es del caso que cuando se anunció la aparición de La Linterna, se reunieron todos los diarios de la capital para discutir el nuevo cofrade”. Señala al inicio del escrito.

Las figuras del relato se dividían en dos: los de la izquierda y los de la derecha, haciendo alusión a las inclinaciones políticas liberales o conservadoras, herederas de los pipiolos y pelucones. Ambos bandos discutían temerosos la polémica aparición de la Linterna del Diablo y evaluaban desterrarlo.

“Señores, en qué quedamos (voces en la izquierda). ¡Que muera la Linterna! (voces a la derecha). ¡Que viva hasta que sepamos qué color tiene! ¡Concedido! ¡Aprobado! ¡Bueno! Pe… Pe… Pero señor, por lo visto la Linterna tendrá larga vida. Soi de uds Señores”, concluye la conversación ficticia refiriéndose a la predecible polémica que provocará el nuevo par de la prensa chilena.

La Linterna del Diablo fue indudablemente, una expresión de la ilustración ya instalada con anterioridad en Chile. Su crítica no estuvo dirigida sólo a los políticos, sino que también incluyó a todo tipo de autoridades gobernantes de la época: “El hombre público”, le llamaban. Aprovechó una época de profesionalización en el rubro periodístico, pero no en la forma de hacer noticias, sino que en su sentido industrializado. Tuvo la suerte, quizás, de haber nacido en un Gobierno flexible que permitió liberación de una prensa previamente oprimida por las autoridades conservadoras. Se reía de los demás y se reía de sí mismo.. .Seguramente, uno de los precursores de la prensa libre y, con mayor razón, el padre de la sátira chilena.

 

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